Mortems
secuestrado por un monstruo

Fue secuestrado por un monstruo

Una cosa es ver un Bigfoot, y otra cosa muy distinta es afirmar haber sido secuestrado por uno y retenido como “rehén” durante varios días. Esta fue la controvertida historia de un hombre escandinavo llamado Albert Ostman.

De un cambio de vida hacia una experiencia aterradora

Todo sucedió en 1924, pero nuestro protagonista no se atrevió a hacerlo público hasta 1957. Hasta ese momento, Ostman trabajaba como albañil, aunque su formación era de leñador. Después de una jornada de duro trabajo, decidió tomarse un tiempo y probar suerte en otro oficio. Fue entonces cuando se aventuró en la busca de oro en Toba Inlet, situado en la costa de la Columbia Británica.

Fue durante el curso de una prospección cuando Ostman experimentó algo que lo hizo sentirse claramente inquieto: alguien, o algo, claramente había estado deambulando por su campamento mientras él se encontraba fuera, buscando oro.

El encuentro

Albert Ostman decidió que iba a averiguar la identidad del culpable y, en lugar de irse a dormir, permaneció completamente despierto en el saco, con su rifle a su lado. Desafortunadamente, un duro día de trabajo le pasó factura y se durmió rápidamente. Pero no por mucho tiempo.

De pronto, fue sacudido de su sueño, recogido y llevado mientras aún estaba en el saco de dormir. Durante aproximadamente tres horas, Ostman fue llevado de un lado a otro del oscuro bosque, por algo grande y poderoso. Según Ostman, había escuchado historias de “los gigantes Sasquatch de la montaña” a través de fuentes nativas americanas. Finalmente, la terrorífica caminata llegó a su fin. Se tranquilizó cuando la poderosa criatura relajó su agarre del saco y lo dejó caer al suelo.

Una familia de monstruos

Como el bosque todavía estaba envuelto por una densa negrura, Ostman no podía distinguir a su secuestrador. Cuando amaneció, esa situación cambió radicalmente. Se encontró enfrentado por lo que solo puede describirse como una familia de Bigfoot: un macho gigante, una hembra más pequeña y dos cachorros; un macho y una hembra. En otras palabras: mamá, papá y los niños.

Cuando Ostman miró a su alrededor, pudo ver que estaba en el profundo corazón de un valle boscoso, rodeado por enormes montañas. Anticipando claramente la probabilidad de que Ostman intentara escapar, el “Viejo” -como Ostman se refirió al enorme macho- lo vigiló cuidadosamente, asegurándose en todo momento de que no intentara huir. Ostman estuvo cautivo varios días, durante los cuales pudo estudiar cuidadosamente sus hábitos y apariencia.

El joven podría tener entre 11 y 18 años y unos siete pies (más de 2 metros) de estatura y pesar unas 300 libras (140kg) … Tenía la mandíbula ancha, la frente estrecha, inclinada hacia arriba … la madre podría tener entre 40-70 años … de aproximadamente 500-600 libras (250kg). Tenía caderas muy anchas y un andar de ganso. Claramente, no fue creada para la belleza o la velocidad. 

El viejo tendría cerca de ocho pies (2,5 metros) de altura. Una gran joroba en la espalda: hombros poderosos, los bíceps en la parte superior del brazo eran enormes. El cabello de sus cabezas tenía alrededor de seis pulgadas (15 centímetros) de largo. El pelo que cubría el resto de su cuerpo era corto pero grueso… El único lugar donde no tenían pelo eran las manos, en las plantas de los pies, en la parte superior de la nariz y en los párpados … Eran muy ágiles.

Aunque Ostman fue retenido en la guarida de esa extraña familia en contra de su voluntad, nunca fue maltratado. Sin embargo, no tenía intención de pasar el resto de su vida como el equivalente de un animal en el zoológico, cautivo como un ejemplar exótico.

La huída

Resultó que su libertad vino por un golpe de suerte. Cada mañana, Ostman, para desayunar, sacaba una pieza de pescado seco y muy salado. Era lo único que tenía en su mochila cuando fue cazado y lo único de lo que podía alimentarse en ese lugar. De hecho había suficiente pescado como para alimentarse tres días seguidos.

Ostman se dio cuenta de que el “viejo” siempre lo miraba atentamente durante el desayuno. Finalmente, cuando la curiosidad se apoderó de él, el inmenso gigante agarró la mochila vertió todo el contenido dentro de su boca. Al instante, la bestia se dobló en el suelo, rodando en agonía y tragando agua sin cesar. Mientras, el resto de la familia corría para ayudarle. Ostman vio su oportunidad para huir. Agarró su equipo, disparó un tiro al aire para ahuyentar a las criaturas, y corrió hacia su libertad. Como era de esperar, no le siguieron y nunca más volvió a ver a las bestias.

La historia de Albert Ostman está llena de controversia, sobre todo por el detalle de; mamá, papá y los niños. Ostman, sin embargo, no se dejó conmover por los escépticos. Tenía una respuesta estándar para cualquiera que eligiera cuestionar su historia:

No me importa un carajo lo que pienses.

 

Morticia Zoe

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